Generales de la Provincia:
HUMOR GRÁFICO
Mujeres al borde de un ataque de risa
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¿De qué se ríen las chicas? La respuesta: el martes, cuando se inaugure en el Cabildo una muestra internacional de humoristas gráficas organizada por la Cruz Roja.
En sus mejores versiones el humor es, sin querer serlo, una manera de aprender algo sobre nosotros mismos. Quizá por esa naturaleza involuntariamente instructiva, las mejores tradiciones humorísticas se han forjado a la luz, trágica, del desastre, como si se tratara de una de las maneras más eficaces para interpretar una crisis y también para, si no encontrar una alternativa, al menos desdramatizar la situación, abrir el conflicto a una mirada nueva.
En sus mejores versiones el humor pone de manifiesto una libertad necesaria y terapéutica, y recuerda que siempre existe una posibilidad de desafiar los límites. Allí donde los desastres –políticos, históricos, sociales, domésticos, amorosos– imponen el peso de un imposibilidad, el mejor humor propone una grieta, un quiebre, una oportunidad.
De esa libertad y de esas capacidades de apertura que tiene el discurso humorístico hablan los trabajos que se exponen desde el martes 10 a las 19 en la sala Capitular del Cabildo Histórico de Córdoba, en la muestra de humoristas gráficas sobre la violencia de género “Las mujeres creadoras y el arte de la caricatura”, organizada por Cruz Roja Argentina y Telecom, y traída a la capital provincial por la Subsecretaría de Cultura de la Municipalidad y La Voz del Interior.
“Ser libre es no tener que decirle mentiras a nadie”, dice una de las viñetas de la muestra, protagonizada por una de las mujeres más hermosas de la historieta del mundo, Nieves, creación clásica de la colombiana Consuelo Lago. Nieves es algo así como la invitada de lujo en el Cabildo: la mulata es insignia del humor como bandera de una sensibilidad revolucionaria y una identidad continental tan asociada al reclamo social como al goce de los placeres al alcance de la mano (“en este país se gana poco pero se goza mucho”, dice Nieves en una tira, mientras salta la piola).
Además se exponen trabajos de humoristas de la Argentina (Ana von Rebeur, Maitena, María Claudia Re, Mariana Wescheler, Marlene Pohle y Patricia Rodelli), Australia, Austria, Brasil, Chile, Cuba, Ecuador, España, Estados Unidos, Francia, Irán, Italia, Japón, México, Macedonia, República Checa, Rumania, Uruguay y Venezuela.
Es un planisferio de miradas ácidas sobre un problema de dramática actualidad: la muestra abre con un cartel que dice: “Una de cada cinco mujeres será víctima de violación o intento de violación a lo largo de su vida y una de cada tres mujeres habrá sido golpeada, obligada a entablar relaciones sexuales bajo coacción, o maltratada de otra manera. por lo general por un miembro de su familia o un conocido”.
Coleccionistas de mujeres
La muestra es el resultado de un trabajo de años que la poeta Guiomar Cuesta Escobar y la caricaturista Adriana Mosquera (Nani) –ambas colombianas– emprendieron en busca de mujeres que fueran sujeto del humor, y no objeto.
La exposición comenzó a viajar por el mundo en 2006 y es ciertamente un hecho insólito: el humor es un oficio tradicionalmente copado por hombres, y la cantidad de mujeres que ha logrado reunir esta muestra no deja de ser un dato ínfimo en relación a la cantidad de hombres que trabajan como humoristas gráficos. La Argentina es de los pocos países en los que hay alguna presencia femenina, con Maitena a la cabeza, pero basta con consultar cualquier historia de la historieta nacional para comprobar que por lo menos el panteón de los dioses del humor es un terreno consagrado sólo a los hombres.
No tan bellas damas. En la muestra hay mujeres hermosas y mujeres terribles, mujeres que sufren y mujeres que se desviven por sus hijos, mujeres cansadas, mujeres alegres, mujeres superadas y mujeres perturbadas: todas combaten los lugares comunes del machismo occidental, desde una irreverencia particularmente ligada a la tristeza. En ese punto el humor femenino parecer marcar un hito distintivo: el paisaje de fondo casi nunca deja de ser una tristeza cruel, expuesta sin contemplaciones.
Desde ese paisaje aparece lo que este humor tiene de vital. En una viñeta de la española Lola Sánchez la mujer con el bebé en brazos le dice a su marido que se van para nunca volver y le pregunta si tiene algo para decir. El hombre está arrodillado frente al televisor, de espaldas a los dos, y grita un gol. En otra viñeta, de la venezolana Rayma, una mujer explica que ella había dicho que haría cualquier cosa para retener a su hombre: tiene tres pechos.
Por supuesto, la risa que provocan no deja de ser amarga, pero tampoco deja de ser imprescindible para entender una realidad tan atávica como urgente, y acaso empezar a creer que se puede cambiar. Es una risa trágica, como trágicas son las formas del arte que nos vinculan con la vida. Y es una risa que reclama eso mismo que consigue, un poco de libertad.
Fuente:
La Voz del Interior, 08-06-08. Suplemento "Espectáculos"